domingo, 1 de febrero de 2009

Medio siglo sin libertad en Cuba


Adjunto el artículo que he publicado hoy en El Mundo sobre las manifestaciones a favor y en contra de la dictadura cubana.

¿Se imagina una manifestación en España de apoyo a las dictaduras de Pinochet o Stroessner? ¿Cree que alguien se atrevería a criticar una concentración en favor de la democracia en Chile o Paraguay en plena vigencia de esos regímenes totalitarios? Pues eso es lo que está pasando este fin de semana en Madrid respecto a la dictadura castrista, la más longeva de Latinoamérica y penúltimo reducto comunista junto con la Corea de Kim Jong.

Coincidiendo con el 50º aniversario de la llegada de Castro al poder diversas asociaciones han convocado a todos los españoles para reclamar libertad y democracia en Cuba, algo que ha irritado tanto a los admiradores patrios del tirano de Birán que han contraprogramado con una manifestación “en favor de la dignidad en Cuba”, según su comunicado. Habría que preguntarles a qué dignidad se refieren. ¿A la de los centenares de presos políticos que se pudren en cárceles infrahumanas por reclamar libertad para su pueblo? ¿A la de los millones de cubanos que malviven en la más absoluta miseria y represión, sin vivienda, ni comida, ni reconocimiento de los más elementales derechos humanos desde hace cinco décadas?

Es terrible que en pleno siglo XXI haya partidos políticos y organizaciones sociales que sigan tutelando una férrea dictadura que se ha cobrado en su siniestra historia dos millones de exiliados, decenas de miles de encarcelados y miles de asesinados. Es sorprendente que 20 años después de la caída del muro y del fracaso del comunismo, alguien pueda seguir defendiendo la granja orwelliana en la que los Castro han convertido Cuba. Pero lo que ya es intolerable es que la izquierda española, en alianza con la nomenklatura castrista, intente criminalizar a quienes apoyamos a la oposición democrática cubana, como ha hecho estos días con sus viscerales ataques hacia Aguirre y Aznar (cómo no…).

Burke dijo que para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada. Por eso, ahora más que nunca, debemos volcarnos con el pueblo cubano para que conquiste una transición pacífica hacia la democracia y consiga superar el régimen estalinista que le gobierna despóticamente desde hace medio siglo. Hasta entonces no cabe la corrección política: o se está con la dictadura y sus cómplices rusos y venezolanos, o se está con los valientes disidentes que arriesgan su vida por la libertad y por recuperar el rumbo de su historia. Una historia que, en contra del célebre alegato de Fidel Castro en el juicio del Moncada, no le absolverá.